Desmitologizando II

“La Iglesia no se debe meter en política”

El diccionario de la Lengua Española define la palabra “mito” de diferentes maneras. Quizá la más común es la que ve el mito como una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Pero también se le define como la persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene. Son ideas que nacen en el seno del pueblo y que carecen de un asidero histórico; se repiten sin pensar hasta que se asumen como verdad. Es en esta aserción como deseo hablar de “desmitologizar”. Es decir, desmontar un andamiaje que se ha ido creando con el tiempo sobre supuestas verdades que no lo son tanto. Supongo que ocurre aquello de: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” (dicho sea de paso eso también es un mito…) Al igual que en mi artículo anterior, desearía desmontar este mito de la Iglesia y la política enumerando mis ideas.

1.- La Iglesia. En el común de los casos cuando hablamos de Iglesia nos referimos a quienes ostentan el sacramento del orden junto con quienes se han consagrado y pertenecen a alguna congregación religiosa. Es decir, a sacerdotes (Papas y obispos) y religiosas o religiosos. Pues bien, la palabra iglesia viene del griego (eclessía) y significa o hace alusión a la asamblea de los congregados. En nuestro caso nos referimos a todos los bautizados que, según san Pedro formamos “piedras vivas”: “también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1Pd. 2, 5). Así pues, todos los convocados o los bautizados somos Iglesia. Hay quienes ven la Iglesia conformada en dos grandes partes. Por una parte está la jerarquía formada por el Papa, obispos, sacerdotes y diáconos y por otro están los laicos que vienen a ser los “cristianos de a pie” y que además constituyen más del 98 por ciento de toda la Iglesia. Cuando se afirma sin más que la Iglesia no debe meterse en política se quiere decir que los “curas” (el Papa, los obispos y los sacerdotes) no deben hacerlo. La cuestión es que quienes nos hemos consagrados por el bautismo y más aún por el sacramento del orden tenemos la grave responsabilidad de ser profetas al estilo de Cristo profeta. Profeta es aquel que anuncia y denuncia. Los consagrados no estamos ajenos a la realidad que nos circunda y pesa sobre nuestros hombros la responsabilidad de ser voz de quienes a veces carecen de ella. ¿Cómo callar ante las injusticias de la que todos somos víctimas? ¿Cómo ser indiferente ante los graves problemas sociales que nos afectan? Todos los sacerdotes, al igual que Cristo Sacerdote, tenemos que alzar nuestra voz pues de lo contrario nos exponemos en convertirnos en cómplice de los desmanes de los poderosos contra los débiles. 

2.- La política. Ya decía Aristóteles que el hombre es un “animal político”. La polis es también un vocablo que proviene del griego y significa ciudad. La política se refiere al hecho de la vida en sociedad; a la necesidad de la interdependencia e interacción que existe en la raza humana; la política habla de ciudadanía y civilización. La palabra hace alusión a la manera cómo los miembros de una sociedad se ponen de acuerdo para una mejor gobernabilidad. Lo cierto es que no existen hombres aislados de los demás. Civilizarse tiene mucho que ver con convertirnos en ciudadanos y esa es la gran tarea de la política. Ahora bien, ¿cómo pretender prohibirle a una institución humana eminentemente social que se abstenga de opinar en asuntos que le son inherentes? Más aún cuando la misión de esa institución es la de instaurar el Reino de Dios en la tierra. La Iglesia desde sus inicios habla de la civilización del amor y está empeñada y comprometida en impregnar el mundo de Cristo como la levadura fermenta la masa (Mt. 13,33ss). 

Por todo lo dicho hasta ahora no solo no se le puede prohibir a la Iglesia no meterse en política, sino es que, todos los cristianos estamos obligados a “invadir” o “contagiar” desde dentro toda institución humana para impregnarla del mensaje salvífico de Cristo. Hemos de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestra sociedad descanse en principios como la honradez, la justicia, la pulcritud administrativa, la piedad y el bien común… 

3.- Lo que sí nos está prohibido a los consagrados es tomar partido por fracciones políticas o militar activamente en partidos políticos. No es conveniente que los ministros de la Iglesia “se casen” con gobierno de turno o con quienes representan a la oposición. Es cierto que a lo largo de la historia (y aún hoy) algunos representantes eclesiásticos se han dejado llevar por sus inclinaciones políticas y se han manifestado abiertamente a favor o en contra de una tendencia. Ha sido un craso error que se ha pagado caro pues eso ha llevado a identificar a la Iglesia con un estilo de gobierno. Nuestra misión es eminentemente universal. El Reino que Cristo predicó es para todos y no solo para una parte de la humanidad. Jesús no hace distinción a la hora de ofrecer su salvación a los hombres y del mismo modo la Iglesia está comprometida a hacerlo. Cuando se habla desde el púlpito del pueblo más humilde o cuando se escribe desde la sede de San Pedro se hace para todos los hombres sin ninguna distinción.

4.- ¿Qué se pretende? Considero que cuando algunos voceros de los partidos políticos gritan a todo pulmón que la Iglesia no debe meterse en política lo hacen solo por mera conveniencia. Es curioso que muchos de esos que critican a los sacerdotes u obispos cuando cumplen con su misión profética de anunciar o denunciar son los mismos que citan a las palabras de los pastores de la Iglesia para defender sus ideas o sus derechos. Recuerdo un caso emblemático de uno de estos personajes tristemente célebre que despotricaba de los obispos de una nación y que cuando se le apresó fue precisamente a un obispo a quien mandó llamar para que garantizara su vida. Si la Iglesia en sus ministros más inmediatos no se hubiera metido en política ¿cuánta sangre inocente no se hubiera derramado a lo largo de la historia y especialmente durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Cuánta injusticia y dolor no se ha podido evitar precisamente porque es la Iglesia la que goza de confianza entre las partes de conflictos armados?

5.- En lo personal creo que la Iglesia, es decir, el conjunto de todos los bautizados y especialmente los laicos, estamos obligados a meternos en política. Es un derecho y un deber al cual jamás deberíamos renunciar. El Papa Francisco ha dicho: “Ante la cultura de la ilegalidad, de la corrupción y del enfrentamiento, estáis llamados a dedicaros al bien común, también mediante el servicio a la gente que se identifica con la política. Ella, como afirmó el beato Pablo VI, “es la forma más alta y exigente de la caridad”. Si los cristianos se eximieran del compromiso directo en la política, sería traicionar la misión de los fieles laicos, llamados a ser sal y luz en el mundo incluso a través de esta modalidad de presencia. (30 de abril de 2015). Ojalá y cada día más cristianos comprometidos y convencido de su fe se dedicaran a la política. De ese modo ocuparían cargos claves personas que no se prestarían para la corrupción ni tampoco permitirían que reinara la impunidad que es en definitiva la razón por la que muchos delinquen. “Debemos participar en el bien común. A veces hemos oído decir: un buen católico no se interesa en la política. Pero no es verdad: un buen católico toma parte en política ofreciendo lo mejor de sí para que el gobernante pueda gobernar. (P. Francisco 16 de septiembre de 2013)

Pbro. David Trujillo

Correo: dtrujill2002@yahoo.com.mx 
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Publicado por magazine24opinion

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